INTRODUCCIÓN
Si la rinoplastia estética es de por sí una intervención
compleja con frecuencia nos enfrentamos a la dificultad añadida
de operar a un paciente intervenido anteriormente por nosotros mismos (Fig.1)
o por otro cirujano (Fig. 2 y 4-8). Aunque en manos experimentadas la cirugía
de la nariz no suele dar un gran número de complicaciones, sin embargo,
por la variedad de tejidos que presenta ofrece un grado de incertidumbre en el
resultado que hace que entre un 5 y un 10% de los pacientes intervenidos primariamente
deban ser sometidos a uno o más retoques o reintervenciones.
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| Fig. 1. Paciente de 24 años:
Intervenida por nosotros anteriormente por presentar giba osteocartilaginosa,
punta y dorso anchos y columela levemente retraída. Después de la
cirugía encontramos una punta cuadrada (persiste la separación de
los domus) y unas cúpulas extremadamente duras que se manifiestan en la
piel. El tratamiento, realizado bajo anestesia local, consistió en el despegamiento
amplio de la punta y aplastamiento de las cúpulas a través de una
incisión marginal. Para la fijación fue suficiente la fijación
con el apósito. |
Esto ha de ser advertido al paciente antes de la operación
puesto que debe estar preparado para aceptar una nueva cirugía en caso
necesario. Es más, dependiendo de la gravedad de la deformidad provocada
por una rinoplastia de la que se esperaba una mejoría, el efecto puede
ser dramático hasta tal punto que llegue a desequilibrar psíquicamente
al paciente o, como mínimo, alterar la relación y confianza en el
cirujano, con los consiguientes problemas que conlleva...
Ante un resultado deficiente es necesario saber esperar y acompañar
la evolución prestando todo el apoyo emocional que el paciente necesita.
A pesar de las presiones no deberemos reintervenir antes de los seis meses e,
incluso, normalmente es necesario esperar más de un año hasta que
desaparezca por completo el edema. Este tiempo puede ser menor cuando el problema
es debido únicamente a la fractura.
Siempre es aconsejable que sea el mismo cirujano quien realice
los procedimientos necesarios para llevar a buen término la corrección
aunque para ello es imprescindible que persista la confianza del paciente en este.
En caso contrario acudirá a otro profesional. Nosotros, por sistema, procuramos
evitar operar a estos pacientes para lo cual fomentamos la reconciliación
y vuelta a su cirujano. Si esto no es posible y aceptamos intervenir debemos tener
en cuenta que nos enfrentamos con un paciente como mínimo inseguro, desconfiado
y cargado de ansiedad y ante una operación compleja cuyo resultado estará
sometido a una crítica importante. Es más, a partir de ese momento
asumimos un resultado final en el cual no será tenido en cuenta lo bien
o mal que estuviese anteriormente. 
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